Extracto del libro Juegos de pluma (2015)
— Juan Carlos Riofrío Martínez-Villalba
Otra técnica literaria es la personificación de un elemento de la naturaleza. Como los griegos lo hicieron en sus días, como Goya lo representó en su óleo y como tantos otros artistas, ofrecemos aquí una personificación más del tiempo, un poco negra, un poco jocosa.
Un estruendo destroza la paz del horizonte.
Vientos, nubes y alacranes huyen del lugar,
El sol apura el ocaso y el cielo pierde sus colores,
Pues ha llegado ya el señor Don Tiempo, de apellido Cruel,
Hijo de Efímero, hermano de la respetable Muerte.
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La muchedumbre lo ve con terror…
El “gran verdugo” ha puesto el ojo en cierto pariente…
Camina, corre, atrapa su presa… Su hora ya ha llegado…
Lo aferra sin piedad y sorbe lentamente su frágil vida.
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Don Tiempo es un caballero resoluto,
De largas barbas y de mirar violento.
De piel pálida y saco negro,
Con el que cubre al alma condenada
que no entrará en el cielo.
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Si alguno le suplica un solo año de vida,
Descaradamente ríe, o simplemente lo ignora;
No se conmueven con llantos, ni deja acabar las tareas:
Es duro como el diamante, seco como el desierto,
Frío, insolente y seguro, aquél de quien todos dependemos.
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Altanero sin igual, no respeta a nadie.
¡Malcriado insulso que roba cabellos,
que arruga rostros y nos deja achaques!
¿Quién le dio mi vigor? ¿Por qué no me lo devuelve?
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No sé por qué trato yo con un señor tan caprichoso,
Que alarga de forma interminable las horas amargas
Metiendo eternidad en los instantes de dolor.
¿Por qué reduce a segundos nuestra escasa dicha?
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Despiadado, ladrón, caprichoso;
Inexorable maremoto que nos arrasa.
Así es, no se lo perdono. Mas pese a todo
A Don Tiempo se lo ha de amar,
Al menos, claro está, mientras no se le ocurra
visitarnos con su hermana la del hacha.