Probablemente ningún cuadro encierra tantos misterios y ni se ha estudiado tanto como el de la Virgen de Guadalupe. Astrónomos, médicos, ingenieros, y expertos de las más variadas ciencias han revisado cada detalle: la temperatura del cuadro que curiosamente es la de un ser humano, las pupilas donde resplandecen varias imágenes con la triple reflexión típica del ojo humano,[1] la posición de las 68 estrellas del manto,[2] y mil cosas más.[3] Sin embargo, poco se ha estudiado al ángel que sostiene a la Virgen, y que conecta toda la escena con los sucesos acaecidos en la primera Navidad. Dedicamos, pues, este estudio a este ángel misterioso que nos vuelve a contar la historia de Navidad.
Los problemas históricos del Ángel Águila
Lamentablemente, el ángel perdió buena parte del interés científico luego de los estudios realizados por los norteamericanos Philip Serna Callahan y Jody Brant Smith entre 1979 y 1983.[4] Serna fotografió el cuadro de Guadalupe bajo luz infrarroja, y descubrió tres cosas. Primero, una serie de fenómenos inexplicables en la mujer del cuadro y en su manto. Los colores fueron pintados sin brocha o pincel, con pigmentos desconocidos hasta el día de hoy, y no tocan la tela: parece como si flotaran sobre el cuadro.[5] Los tonos ahí son muy luminosos, como si hubieran sido pintados ayer. Segundo, era evidente que otras partes del cuadro eran más ordinarias y habían sido pintadas con pinceles corrientes. Es como si al cuadro creado portentosamente el 12 de diciembre de 1531 le hubieran sido añadidos posteriormente el ángel, la Luna, los rayos que rodean a la doncella,[6] los arabescos del vestido y la cruz que lleva al cuello.[7] En tercer lugar, Serna descubrió rastros de otras imágenes y retoques que habían sido añadidos tiempo atrás, pero que habían desaparecido. Por ejemplo, se encontraron rastros de una corona del siglo XVI y de dos querubines pintados a los costados del siglo XVII que luego fueron quitados, a más de alguno que otro retoque. En realidad, ya se conocía de estos añadidos, pues habían sido mencionados en varios documentos históricos.[8] Callahan termina su estudio concluyendo que era como si Dios y el hombre hubieran trabajado juntos para crear una obra maestra.[9] Incluso se podría decir más: todo el cuadro parece ser fruto del esfuerzo conjunto del género humano, de los ángeles, y de Dios para honrar a esta singular Señora.
No sabemos a ciencia cierta cuándo fueron pintados el ángel, la Luna y los rayos, pero todo indica que fue muy pronto. La primera copia que tenemos del cuadro consta en el códice Escalanda, que data de 1548, diecisiete años después de la aparición.[10] Allí ya aparece la Luna a los pies de María, según muestran las fotos:
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| Códice Escalanda de 1548 | Códice delineado |
Luego tenemos una detallada descripción datada entre 1543 y 1550, donde se mencionan muchos detalles del cuadro. Se dice que la Virgen posee “una corona de oro, de figuras ahusadas hacia arriba y anchas abajo”, que ella pisa una la Luna con cuernos hacia arriba, se describen cien rayos alrededor de la imagen, “unos muy largos, otros pequeñitos y con figuras de llamas”, y finalmente se habla de “un ángel, que medianamente acaba en la cintura, en cuanto descubre; y nada de él aparece hacia sus pies, como que está metido en la nube.”[11] Así, pues, hay suficiente evidencia que el ángel y la Luna estaban ya presentes en el cuadro al menos desde 1550.
Sea que el ángel hubiera sido pintado por manos humanas o por pinceles divinos, su presencia en el cuadro no es baladí. El hecho de que hubiera aparecido diez o veinte años después de creada la imagen en 1531, y que desde entonces ha permanecido incólumes ahí, dice mucho. Compárese ello con otras figuras que también fueron añadidas, como los mencionados querubines, la corona, la nube, y ciertos retoques desaparecieron muy rápido. Ya solo el hecho de haber permanecido ahí alimentado la piedad popular durante casi cinco siglos lo constituye al ángel en un locus theologicus (una fuente teológica) digna de ser estudiada. Y el asunto tiene más tela desde la perspectiva mariológica. Cabe afirmar, sin temor a equivocarnos, que fue la Virgen Santísima la que no quiso tener corona en el cuadro, sino que prefirió mostrarse como una madre sencilla. Recuérdese que el templo en el monte Tepeyac y el manto todo fue idea suya. Y tampoco quiso mostrarse acompañada de varios ángeles, sino uno solo muy especial, el hoy que posa a los pies de la Guadalupana. Vale, pues, indagar qué misterios oculta ese pequeño ángel que la Virgen ha querido tener a sus pies.
Significado del Ángel Águila
A primera vista, el ángel parece ser un ángel niño más de aquellos ángeles que típicamente se pintan a los pies de María. Ello ya diría mucho. La iconografía cristiana estila pintar como niños a los espíritus más subidos en la escala angelical, a los querubines y serafines. Suele pintárselos rojos para mostrar su intenso amor. Por lo tanto, aquel ángel vestido de rojo que posa a los pies de la Guadalupana hierve en amor divino: amor al Mesías que está en el seno materno, y la madre que lo lleva.
De que la mujer está encinta hay tres signos en el cuadro: el vientre elevado, la cinta negra que porta bajo las manos —símbolo de buena esperanza en el siglo XVI—, y el hecho de que el estetoscopio verificó una vez que en el vientre se oyen unos 115 a 120 latidos por minuto (los propios de un concebido).[12] Por eso bien se dice que María es el “Arca de la Alianza”, aquella que porta la salvación del género humano. Y así como los israelitas decoraban el Arca de la Antigua Alianza con querubines hechos de oro macizo,[13] no tiene nada de raro que Dios haya querido decorar con querubines reales a quien guardaba en su seno a la Nueva Alianza.
El significado del ángel es incluso más asombroso dentro de las categorías culturales aztecas. Véase cómo el rostro del ángel muestra las facciones y color de un indio nativo. Repárese cómo sus brazos extendidos sujetan la vestimenta turquesa de la Virgen, cuyo color era propio de los emperadores aztecas. Contémplese sus alas de águila abiertas totalmente como si volara en lo más alto. Para los aztecas, el águila era el ave que volaba más alto y por eso era la que podía estar más cerca del Sol. Tal ave era la destinada a llevar en sus garras los corazones de las víctimas sacrificadas a los dioses y alimentar a la divinidad.[14] Aquel ángel sumiso, situado al pie de la Emperatriz embarazada y rodeada por el Sol, representaba a un joven guerrero águila perteneciente al ejército azteca, que justamente era conocido como “Soldado del Sol”.[15]
En su conjunto, la imagen de Guadalupe rezuma paz. Sin embargo, cuando se contempla bien hay algo ahí que no terminaba de cuadrar. Por un lado, vemos la mirada materna de párpados caídos y el rostro calmo de la mujer, e intuimos que está ensimismada pensando en el Salvador que lleva en su vientre. ¡Hasta las estrellas del cielo encuentran paz en su manto! Y mientras ella dirige su pacífica mirada hacia la izquierda, abajo el ángel mira hacia el extremo opuesto con cierta preocupación. Sus ojos abiertos y vigilantes no descansan. Algo afuera del cuadro ha captado su atención. ¿Hacia dónde mira? ¿Qué lo inquieta? No lo sabemos. Nos vienen a la memoria algunos sucesos que María no podía ver durante su embarazo: los descubrimientos astronómicos de los Reyes Magos, sus conversaciones acerca de un nuevo rey y su decisión de ir a rendirle culto; la vanidad de Herodes que ya había eliminado con la espada a varios de sus rivales, y los movimientos en los infiernos para atentar contra la vida de aquel personaje tan especial que moraba en el vientre de la mujer. Todo ello era desconocido por María y muy conocido para su ángel de la guarda. Eso puede haber sido lo que inquietaba al ángel.
La batalla entre el Ángel Águila y el Dragón
No se sabe si los demonios conocían que el recién concebido era el Hijo del eterno Padre. Varios teólogos opinan que no, que ello solo lo supieron durante cuando Satanás tentó tres veces al Señor en el desierto, o después, cuando Jesús mismo lo confesó. Sea como fuera, los infiernos estaban atemorizados con las conversaciones que circulaban entre María y su familia, con las palabras del Arcángel San Gabriel, y con la mención del “Salvador”. Además, tenían por seguro que la mitad de su cadena genética del concebido en el seno de María no tenía un origen humano. Los ángeles celestiales parecen haber muy activos durante esos días, y especialmente el día de Navidad, cuando se aparecieron a los pastores para comunicarles el nacimiento de “un salvador, que es el Cristo Señor.”[16]
Así, pues, un gran dragón escarlata, con siete cabezas y diez cuernos, aquel que en tiempos inmemoriales arrastró a la tercera parte de las estrellas con su cola, estaba bien alerta que se acercaba el tiempo de la gran batalla. El Apocalipsis narra que la fiera “se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.”[17] Pero el hijo le fue arrebatado, “y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, dos tiempos, y la mitad de un tiempo.”[18]
Todo esto se narra con lenguaje figurado, con una perspectiva más celestial que humana. Obviamente la mujer no perdió su naturaleza humana. La mejor interpretación del pasaje apocalíptico que cabe dar es que, para abatir al poderoso dragón, le fueron conferidas a la mujer “las dos alas de la gran águila,” es decir, los poderes de un ángel muy subido en el cielo. Los ángeles buenos y malos suelen obrar tratando de convencer a los seres humanos para que hagan lo que ellos quieren. En estos términos se trabó la batalla. Mientras el demonio instigaba a Herodes a producir la matanza de los recién nacidos de Belén y eventualmente del Mesías, san Gabriel alertó a José para que huyera y a los Magos para que tomaran otro camino, y otro ángel con alas de águila custodió a la sagrada familia hasta Egipto. Allí parece haber permanecido protegida por el ángel tres años y medio.[19]
Esta interpretación explicaría bien el rostro preocupado del querubín con alas de águila guadalupano. Así se cumpliría aquello de que “el ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.”[20] No deja de tener su gracia que el gran dragón y la furia de los infiernos son incapaces de enfrentar a un ángel niño, que sale victorioso con la Mujer. Las batallas angelicales no son como las de Hollywood y la mente humana no las puede entender bien. Al menos cabe decir que en ellas cada espíritu usa sus propias armas: los demonios el miedo, la vanidad y la crueldad, y los ángeles del cielo la humildad, la sencillez y el amor. Se cumple así también aquella enigmática profecía escrita siglos atrás: “de la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza (…) para hacer callar al enemigo y al vengativo.”[21]
Nótense dos cosas más en el ángel águila. El pequeño ser carece de pies. Además, su mano derecha agarra el manto turquesa de estrellas y la izquierda su vestido interior. En la iconografía cristiana se pinta a los ángeles sin pies, con piernas contorsionadas o difuminadas para significar que se están moviendo. Y el hecho de agarrar con fuerza (no solo tocar) los vestidos de la mujer mientras se mueve velozmente, con sus alas de águila abiertas de par en par, evidencia que vuela con ella hacia algún lugar. ¿Hacia dónde? Hacia el desierto. Huye hacia Egipto.
Este tipo de transporte también tiene su significado. En la cultura azteca solo los reyes, reinas y altos dignatarios eran llevados en hombros por alguien. Así, pues, la imagen muestra a un soldado águila azteca portando en sus hombros a la emperatriz del universo. Un alto angel del cielo queda como sumiso ante tal reina, llamada mil veces “Reina de los ángeles.” Pero ya dijimos que la Virgen guadalupana no quería mostrarse como una reina coronada, sino como una madre sencilla. Ella quería que se le construyera un templo para ayudar a sus hijos. Recuérdese además el lenguaje usado en las apariciones: Juan Diego la trata como “hija mía la más pequeña, mi niña y Señora,” y ella, a su vez, lo trata como “hijo mío el más pequeño.” Parecería que María trata con el mismo lenguaje al ángel niño de sus pies, y también a él pudieron haber sido dirigidas aquellas palabras pronunciadas a Juan Diego: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?” Si la Escritura se refiere a los ángeles como hijos de Dios,[22] de alguna manera también cabría llamarlos hijos de la Madre de Dios.
Queda así narrada la historia de Navidad desde la perspectiva angelical: una historia que, como se ve, desencadenó una batalla entre el peor dragón del infierno y un querubín que volaba alto en el cielo. El cuadro de Guadalupe nos ha dado varias pistas para entender mejor con qué armas se libró esta batalla, y para acercarnos al misterio del espíritu infante capaz de vencer a cualquier dragón. Justamente ese fue el camino que Dios escogió para vencer la vanidad y crueldad del mundo: un Dios infante que desarma al más altanero. Ya lo dijo el Papa Francisco en la Navidad de 2021: “Hoy todo se invierte: Dios viene al mundo pequeño. Su grandeza se ofrece en la pequeñez.”[23]
¡Feliz Navidad!
Juan Carlos Riofrío
Washington, D.C., Diciembre 24 de 2024
[1] Se trata del efecto Samson-Purkinje, totalmente desconocido en el siglo XVI. Alfonso Marcué fue el primero en descubrir en 1929 que en el examen del negativo de la foto del ojo se nota la figura de un hombre con barba. El 29 de mayo de 1951, el fotógrafo José Carlos Chávez confirmo el descubrimiento de Marcué. A partir de ahí más de veinte oftalmólogos han examinado los ojos descubriendo nuevos detalles.
[2] El doctor Hernández Illescas comprobó en el Instituto de Astronomía de la UNAM que todas las estrellas del manto de la Virgen corresponden a las principales estrellas de las constelaciones que el altiplano de México mostraba la noche del 12 de diciembre de 1531, momento en que se produjo el solsticio de invierno y fecha de la aparición.
[3] Por ejemplo, se ha observado que la tilma está hecha de ayate, una fibra vegetal de una de las 175 especies de agave: la llamada agave potule Zacc. Los aztecas se anudaban estos mantos sobre el hombro derecho. En la gente sencilla tales mantos no solían pasar de las rodillas. Varias reproducciones de la Virgen se han hecho en ayete, y varias veces se ha comprobado que el material se desmorona al cabo de veinte años. Además la tela de la tilma parece incorruptible, pues rechaza el polvo y otros elementos extraños.
[4] Serna, que era biofísico y consultor de la NASA, tomó 75 fotografías, 40 con rayos infrarrojos el 7 de mayo de 1979. Ello determinó la presencia de pintura sobreañadida y las distintas capas de pintura. Después de dos años de estudio y consultas con otros especialistas, en 1981 dio a conocer sus conclusiones. Véase See Serna Philip Callahan (1981). The Tilma under Infrared Radiation: CARA Studies in Popular Devotion, vol. II, Guadalupe Studies, n° 3. Washington D.C.: Center for Applied Research in the Apostolate (CARA); y Jody Brant Smith, The image of Guadalupe, Mith or miracle, Doubleday Company, New York, 1983.
[5] Ya antes en 1936, el premio Nóbel de química Richard Khun pudo estudiar dos fibras del manto de la Virgen; una roja y otra amarilla. Concluyó que en ellas no existían colorantes vegetales ni animales ni minerales.
[6] Solo los rayos fueron añadidos: primero cien, y luego 29 más; pero la Mujer ha estado siempre rodeada de la luz solar.
[7] Véase Callahan, op. cit., pp. 6–13, y Thomas Sennott. 2011 «The Tilma of Guadalupe: A Scientific Analysis» in http://www.motherofallpeoples.com/2011/12/the-tilma-of-guadalupe-a-scientific-analysis/.
[8] Por ejemplo, El padre franciscano Miguel Sánchez confiesa haber él hecho algunas añadiduras al cuadro en su libro “Imagen de la Virgen María, Madre de Dios, de Guadalupe, milagrosamente aparecida en la ciudad de México, celebrada en su historia, con la profecía del capítulo doce del Apocalipsis”.
[9] Callahan, op. cit., p. 19, concluyendo que era como si Dios y el hombre hubieran trabajado juntos para crear una obra maestra.
[10] El códice fue descubierto en 1995. Sobre las pruebas de la autenticidad del documento, véase, Ángel Peña, Las maravillas de la Virgen de Guadalupe, Lima, 2008/9, p. 12.
[11] Descripción del indígena Antonio Valeriano en el Nican Mopohua, escrito entre 1545 y 1550. El texto sigue: “Acabándose los extremos del ropaje y del velo de la Señora del Cielo, que caen muy bien en sus pies, el ángel los coge en sus manos por ambos lados. Su ropa (del ángel) es de color bermejo, a la que se adhiere un cuello dorado y sus alas desplegadas son de plumas ricas, largas y verdes, y de otras diferentes. Las manos del ángel van llevando (a la Virgen) y al parecer está muy contento de conducir así a la Reina del Cielo.” Véase Peña, ibid., p. 17.
[12] Además, la flor de cuatro pétalos que la Virgen lleva sobre el vientre también simboliza su maternidad divina. Los aztecas la llamaban “Nahui Ollin” o “Flor del Sol,” representaba los cuatro movimientos del sol (las estaciones) y los puntos cardinales unidos por un quinto elemento central que otorga equilibrio.
[13] Cfr. Éxodo 25,20.
[14] El águila era el “nagual”, el “disfraz de animal” del principal dios azteca, Huitzilopochtli (el dios sol). Se dice que ella marcó el lugar exacto para fundar la ciudad de México y construir el templo dedicado a Huitzilopochtli, el sol en su cenit. Hoy la bandera de México replica bastante los colores de las alas angelicales, cuyas plumas superiores son verde azulado, las del medio blanco marfileño, y las de abajo rojas.
[15] Para algunos el ángel representa a Juan Diego, cuyo nombre nativo era “Cuauhtlatoatzin”, que significa “Águila que habla”.
[16] Lucas 2. 8-21.
[17] Apocalipsis 12, 4.
[18] Apocalipsis 12, 14.
[19] El “un tiempo” del Apocalipsis 12, 14 ha sido asociado con “un año”. Así, “por un tiempo, dos tiempos, y la mitad de un tiempo” serían tres años y medio. Una antigua tradición señala que la Sagrada Familia permaneció en Egipto tres años y medio, lo que serían alrededor de unos 1278 días (contando los años como hoy los contamos). Como anécdota personal, cuando me fui a vivir a África el año 2020, le pedí a la Virgen que me permitiera permanecer ahí los mismos días que ella permaneció. Allí viví con ánimo de permanecer en África 1280 días exactamente. Luego he vuelto para cerrar cosas, pero esos días no los cuento.
[20] Salmo 34, 7 (Reina-Valera 1960).
[21] Salmo 8.2 (Reina Valera 1960).
[22] Véase especialmente Job 1,6; 2,1 y 38.7, y Génesis 6,2-4.
[23] Francisco, Homilía en la Basílica de San Pedro Viernes, 24 de diciembre de 2021. Y aún dice más de este gran misterio: “Contemplemos al Niño. En su pequeñez es Dios. Reconozcámoslo: “Niño, Tú eres Dios, Dios-niño”. Dejémonos atravesar por este asombro escandaloso. Aquel que abraza al universo necesita que lo sostengan en brazos. Él, que ha hecho el sol, necesita ser arropado. La ternura en persona necesita ser mimada. El amor infinito tiene un corazón minúsculo, que emite ligeros latidos. La Palabra eterna es infante, es decir, incapaz de hablar. El Pan de vida debe ser alimentado. El creador del mundo no tiene hogar. Hoy todo se invierte: Dios viene al mundo pequeño. Su grandeza se ofrece en la pequeñez.”
¡Feliz Navidad!


Feliz navidad mi estimado amigo Juan Carlos, un abrazo gigante.
Atentamente Lucho Vásquez
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